Cómo reaccionar cuando las explicaciones se convierten en justificaciones.

Cómo reaccionar cuando las explicaciones se convierten en justificaciones.

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Tienes una cita con un amigo. Él te envía un mensaje cinco minutos después de la hora a la que habéis quedado, que algo sucedió y no puede venir. Hablaste con los fontaneros para que vengan a desatascar tu tubería y ni siquiera aparecieron; cuando finalmente te responden por teléfono, te dicen que hubo otra emergencia y que no pueden venir.

Cómo reaccionar cuando las explicaciones se convierten en justificaciones.
Cómo reaccionar cuando las explicaciones se convierten en justificaciones.

Siempre nos enfrentamos a las debilidades de los demás y a nuestras limitaciones en poder tratar con ellas.

Otras veces, somos nosotros los que hacemos esperar a los demás y encontramos formas de excusarnos, con el riesgo de decepcionar.

Probablemente, cada uno de nosotros decepcionamos y nos decepcionaron en estos términos. Los problemas entre las personas ocurren cuando las expectativas son altas o injustificadas, alimentadas por lo que el otro quiere, sin pensar en la disponibilidad del que tiene que ofrecer, o cuando creamos expectativas más altas de las que podemos honrar. En ambos casos, ambas partes pueden aprender a ajustar su comportamiento, para no sentirse decepcionados o para no decepcionar.

Pero esto no es tan simple. No decepcionamos solo porque no nos importa. El surgimiento de una emergencia suele ser una excusa para salvar nuestra paz interior y para salir limpios de una situación en la que nos sentimos estancados.

Por ejemplo, el hecho de que tengas que presentar un proyecto a la empresa para la que está trabajando puede ser algo sencillo, si te preparas, haces lo que puedes y te asumes los limites. Pero si es importante para ti ser muy bueno en todo lo que haces, entonces aparece la presión de la necesidad de un buen resultado para confirmar que eres muy bueno. A medida que se acerca la fecha de presentación, su tendencia puede ser fingir que no tiene ninguna presentación, en lugar de prepararte para ello. Paradójicamente, posponiendo trabajar en ello, te ofreces una excusa para un mal resultado (no salio bien porque no tuve tiempo). Sin embargo, muchas veces, esto te lleva más allá de los límites y no tienes tiempo para prepararte para salir bien de tal situacion.
Lo que queda es confrontar la situación o evitarla: el riesgo de exponerte puede traerte éxito, pero muchas personas podrán elegir sentirse muy mal ese día (y no mienten cuando dicen eso), evitando asi la posibilidad de ser puestos delante de un fracaso.
Decepcionamos de esta manera solo porque queremos que nos guste mucho a nosotros mismos. En esta trampa creada por nuestra mente, podemos despertarnos estancados, impotentes en cambiar y cada vez más ineficientes. El simple estímulo, las amenazas o la predicación de reglas morales rara vez fueron suficientes.

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